17
mar
12

Chapultitlán

Con etimología náhuatl –de chapā, que significa rebotar y ōlli que quiere decir hule–, chapulín significa, desde tiempos prehispánicos, un “insecto que brinca como pelota de hule”. Los podemos identificar en casi cualquier terreno con pasto, brincando de manera frenética para desplazarse o, si estás en Oaxaca, en las botanas y quesadillas.

En el México del periodo posrevolucionario extendido (o sea, hoy) debemos agregar a la palabra chapulín una acepción: es un tipo de grillo que brinca como una pelota de hule… cuyo partido decide, sin tomar en cuenta a los ciudadanos, dónde y cuando cae. Los podemos ver, al final de cada periodo de gobierno buscando el favor de sus superiores para poder continuar sus saltos frenéticos dentro de los pasillos del poder. Su hábitat es la administración pública: estar fuera del erario, es estar en el error.

A pesar de que en la mayoría de los países desarrollados esta especie ha desaparecido o está en vías de extinción, en México no sólo se mantiene estable, sino que se sigue reproduciendo en tantas formas como partidos tiene nuestro país. Esto gracias a que su principal depredador, la democracia y la rendición de cuentas, son administradas por los chapulines en dosis pequeñas a la sociedad. De manera excepcional, se han vacunado y los anticuerpos que han creado parece que les hace invencibles.

Sin embargo, inesperadamente, una nueva arma contra esta especie apareció esta semana: el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa, revocó la semana pasada la licencia a la alcaldesa de Guadalupe que, mediante salto de chapulín, busca un lugar en el Senado. El argumento es simple, lo dice el artículo 5° de la Constitución: “En cuanto a los servicios públicos, sólo podrán ser obligatorios, en los términos que establezcan las leyes respectivas… los de elección popular, directa o indirecta”. Según la ley, los políticos antes de ser chapulines, son servidores públicos; deben servir a los ciudadanos, es su obligación.

La resolución afirma que: “el derecho de representación (derecho de la colectividad) y las obligaciones por parte del funcionario público que eligieron a través de su decisión los mismos individuos está en cuestión en la Litis del amparo”. Además que, “ante la mínima presunción, debe atenderse al interés de la colectividad, sobre algún interés particular”. Parece que el orden, al menos en el papel, regresa a Chapultitlán.

A pesar de mi emoción, no guardo demasiadas esperanzas. En 2007 una sentencia para evitar que Jorge Hank Rhon pidiera licencia para ser gobernador –con una ley local que explícitamente se lo prohibía– fue anulada por el Tribunal Electoral de acuerdo con preceptos convenidos en Tratados Internacionales en materia electoral firmados por México. El derecho a ser votado de alguien con mucho poder y dinero, puede trastocar sin problemas, el derecho de las mayorías a votar por alguien para un periodo completo.

El objetivo no es restringir los saltos de los políticos, sino devolver la catapulta a la gente. El chiste no es hacer miserable la carrera de algunos funcionarios públicos, sino hacerlas útiles para la mayoría. No pretendo que cazar chapulines sea la tarea de los ciudadanos, sino que entre todos podamos construir elevadores para ascender por el gobierno. La Ley está de nuestro lado, que no se nos olvide.

12
mar
12

El Nuevo PRI

A pesar de que la mayoría de la gente no sabe definir qué es izquierda y qué derecha, los politólogos tenemos el vicio de analizar los sistemas de partidos pensando que se alinean en un eje ideológico. México es uno de los países donde menos se debería aplicar una clasificación así.

El electorado que votó para sacar al PRI de Los Pinos en el año 2000, no era ni de izquierda ni de derecha. El rechazo ni siquiera era al plan de gobierno del PRI, sino a la falta de democracia en su implementación. Irónicamente, los priístas olvidaron la máxima de Jesús Reyes Heroles: “en política, la forma es fondo” y casi desaparecen por ello. De esta forma surgió la escisión social más importante para nuestro sistema de partidos: gobiernos liberales contra gobiernos autoritarios.

La alternativa liberal, ofrece la construcción del futuro en conjunto, mediante la formación de consensos y requiere, para su legitimación, la participación permanente de los ciudadanos. A diferencia del autoritarismo, no promete soluciones contundentes, sino procedimientos en los que todos pueden participar para la obtención de respuestas. La democracia en México, al menos en términos electorales, llegó para quedarse.

Porque si algo no se puede criticar al PRI, doce años después, es de ser antidemocráticos (no al menos más que los otros partidos). Alguna vez dijo Andrés Manuel López Obrador que “el priísmo es una enfermedad que se quita con el tiempo” y no hay mejor ejemplo de esto, que los priístas que se han curado de sí mismos. Año tras año, elección tras elección, vemos como los electores regresan a sus filas y hacen crecer sus posiciones de gobierno. El PRI se consolida como una opción diferente y atractiva para un electorado que ha cambiado mucho en los últimos doce años.

El nuevo PRI no está en sus líderes que, ciertamente, siguen siendo los mismos de hace veinte años. El nuevo PRI está en sus renovadas bases que ahora se componen por electores jóvenes que no experimentaron los excesos del viejo régimen y, por el contrario, han vivido la ineficacia de los gobiernos de la alternancia. Su importancia no es menor, tomando en cuenta que, en esta elección, votarán alrededor de 23 millones  de electores nacidos después de 1982.

Actualmente, el carácter autoritario del PRI no está en la forma de acceso al poder, sino en la oferta de gobierno. Enrique Peña Nieto ofrece al electorado erigirse como la autoridad central de gobierno que cuenta con soluciones para todos los problemas y tomará todas las decisiones públicas, para que la gente pueda dedicarse a sus asuntos privados. Por eso el candidato del copete gusta tanto a las masas y desagrada tanto al círculo rojo.

Con la democracia arraigada como el único juego posible en la ciudad, el riesgo de un gobierno personal y discrecional es latente pero controlado. Al contrario, con elecciones limpias y periódicas, el resto de los partidos no han logrado generar una justificación para su existencia más allá de las promesas incumplidas.

En la Encuesta Nacional de Valores 2010, los mexicanos encuestados ubican al “Orden y Estabilidad” como el principal logro de los primeros 200 años independientes de México; el priísta interior de cada uno se pone de moda. El mismo documento, señala que la mayoría de los mexicanos quieren como objetivo para los siguientes diez años “una economía fuerte que ofrezca buenos empleos y salarios”. En caso de ganar la elección, está por verse si el PRI de nuevo en el gobierno logra los resultados que no cumplió la alternancia, o su nuevo fracaso representa el inicio de un cambio más profundo y radical.

12
mar
12

No Somos Tontos

El último momento cumbre del chauvinismo nacional –la nominación al Óscar de Demián Bichir como mejor actor– se vio opacada por un hecho: el actor es un partidario del Movimiento de Regeneración Nacional que encabeza Andrés Manuel López Obrador. El mayor de los Bichir, al publicar sus preferencias políticas, renunció a su lugar en el olimpo de los héroes nacionales. El Vox Populi condenará a Demián a ser el ganador del Óscar legitimo (en contraste con todos somos Chicharito).

Todo ciudadano tiene derecho a manifestarse a favor o en contra de candidatos, partidos, posturas políticas o decretos particulares. Sin embargo, muchos mexicanos esperan que aquellos que han trascendido con su trabajo se mantengan neutrales, como si el ser actores, futbolistas o escritores les impidiera tener una opinión política y hacerla pública. No quiero decir con esto que las opiniones de los famosos sean más atendibles, sino que tienen derecho a hacerlo; y que al ejercerlo, los motivos de sus planteamientos caerán por su propia fuerza.

Pensar que los mexicanos cambiarán su preferencia política porque cierto boxeador pelea con un logotipo en el calzoncillo es un razonamiento miope, inexacto y falaz. En todo caso, la gente se podrá equivocar una vez, pero corregirá para la siguiente elección. De eso se trata la democracia. Los electores no somos niños comprando cereal porque lo anuncia nuestro ídolo.

De fondo, la excesiva e inútil regulación electoral que sufrimos los mexicanos, refleja dos vicios de nuestra clase política: (1) suponer que los ciudadanos somos tontos (y que no podemos aprender) y, (2) su incapacidad para adaptarse a las nuevas reglas de la democracia. Cuando la ley se cimenta  sobre la desconfianza mutua, sólo se podrá construir un edificio endeble y con el riesgo continuo de caerse… Por más parches que se le pongan.

Bajo el argumento de inequidad en la competencia, los partidos han incitado al IFE a emitir acuerdos sobre la totalidad de las situaciones controvertidas que han sucedido en las campañas. También sobre las que pudieran suceder e, incluso, sobre lo que han imaginado en sus más inescrupulosos pensamientos. Como si fuera madre de niños peleoneros, el IFE ha optado por amarrar a sus hijos para que no se hagan daño.

En términos prácticos, qué importa si Calderón presenta encuestas optimistas, si los candidatos hacen actos anticipados de campaña, si hay empresarios que quieran desperdiciar su dinero en spots de televisión de algún partido o si la guerra sucia formará parte de la estrategia de campaña de algún candidato. Todas esas acciones pasarán por el análisis ciudadano y, entonces, podremos ver su efecto electoral definitivo. Repito: los ciudadanos no somos tontos y podemos seleccionar la información que nos llega e interpretar sus motivaciones y consecuencias.

En todo caso, la función del árbitro electoral debe estar centrada en garantizar que el financiamiento de las campañas se haga con legalidad y que haya certidumbre en los procedimientos para la realización de la jornada electoral y el conteo de los votos. Intentar algo más es utopía y desviarse de lo que sí se puede lograr. Buscar una democracia perfecta mediante la acumulación de nuevas normas nos aleja de una democracia aceptable y funcional. Tener a los niños amarrados evitará que se peleen pero también que sean niños; tener a los partidos en silencio, minimiza su daño, pero también les quita su esencia como partes en confrontación.

La clase política mexicana actual, formada en tiempos sin democracia, tiene pánico al contraste de ideas porque no saben cómo hacerlo. Insisten en hacer campañas huecas con espectaculares, pendones y spots con música de piano. Por eso, cuando un mexicano destacado apoya a un partido o candidato en particular, es mal visto: no es que pensemos que quiere influir en nuestro voto, sino que dudamos de su inteligencia y su criterio personal.

23
feb
12

Catarsis

Navegando en la red me encontré con una serie de videos de un tal “Campeonato Mexicano BOSS Loop Station” en el cual diversos músicos hacen gala de sus habilidades musicales potencializadas gracias a este aparatito que graba y reproduce cíclicamente sonidos. En lo personal, me considero fan de este tipo de impulsos creativos innovadores que usan la tecnología para ampliar la gama de sonidos, ritmos y demás…

Sin embargo, mientras más veo videítos de esta cosa, me doy cuenta que cada vez se vuelve menos indispensable el contacto humano. Me explico: antes todo adolescente rebelde debía juntarse con otros adolescentes rebeldes y hacer estruendo con las guitarras, ahora el arte y la cultura ya no representarán esta salida de rebelión y desacato. Ahora hace falta tiempo, paciencia y práctica para poder hacer un concierto completo:

¿No les intriga saber cómo es que este mundo se va a salvar de su autodestrucción si ya no hay forma de agruparnos? ¿El aviso de desalojo de esta realidad nos va a llegar por mail, por facebook o por twitter? Para entonces, ¿creen que el ya de reforma política haya logrado algo ya? Y mientras, ¿dónde está la pinche izquierda, entonces? ¿Perfumando el lugar por donde pasa el Peje? no vayan a decir que no es amoroso? No mamen.

Otros, mientras tanto, intentan hacer el puente entre lo que pasa en la pantalla y lo que es la vida real. Creando happenings y difundiéndolos. Solos. Inconexos. Sobreviviendo del aplauso y uno que otro like. ¿Hasta cuándo?

28
ene
12

APRENDER A VOLAR

Ella quería volar. Bajar escaleras sin tocar los escalones, caminar sobre el aire, rebelarse contra la ley de la gravedad. Más que la búsqueda de un superpoder que le diera ventajas sobre las demás personas, lo que ella quería era hacer un manifiesto contra lo efímero de la existencia humana: ¡Qué injusto que todas las personas tengamos que asirnos al piso para conducir nuestro andar!, ¿No creen?

¿Han pensado que la parte del mundo que tiene tierra es mínima? Suponemos que somos los dueños de todo el planeta cuando el único lugar que hemos logrado “habitar” es donde hay tierra firme. Hay mucho fuera de nuestros dominios. Tropósfera, estratósfera, mesósfera, termósfera, exosfera en el aire; zona epipelágica, mesopelágica batipelálgica, abiopelágica, hadopelágica en el mar. Diez mil metros hacia abajo en la fosa de las marianas… diez mil kilómetros hacia arriba antes de llegar al espacio.

Ella no pedía demasiado. Su intención nunca fue llegar hasta el cielo y luego descender hasta lo más profundo del mar. Lo único que pedía era hacer su vida como persona normal: ir a la escuela, comprar cosas en el supermercado, usar el metro, cruzar la calle; todo eso, pero sin tener los pies en el suelo… Y lo logró.

http://bit.ly/A9oHGv

No sólo logró volar, sino tomar evidencia de su logro y compartirlo con el mundo. Tal vez es sólo mucha precisión en su técnica de fotografía e intentarlo una y otra vez. Es muy posible que en sus saltos haya sufrido muchas caídas con sus respectivas lesiones, ¿y qué? Aunque fuera por unos instantes, vivió su sueño.

¿Cuándo fue la última vez que pretendieron volar? ¿Hace cuanto olvidaron que querían hacerlo?

14
dic
11

¿POR QUÉ QUIERO SER CONSEJERO ELECTORAL DE MI DISTRITO?

Hace unos días, al ver a los niños disfrazados pidiendo calaverita recordé que en mi infancia yo no solía disfrazarme ni de vampiro ni de hombre lobo o de momia, yo solía pedir dulces con un saco prestado, un pantalón de vestir y una máscara de Carlos Salinas. Recuerdo que la mayoría de los adultos se sorprendían al descubrir que no sólo tenía un disfraz sino que estaba dispuesto a dar cifras y datos de cómo había empeorado la situación económica del país en esas fechas, hasta que me dieran dulces –o reconocieran mi capacidad para infundirles miedo.

Esa memoria, me provoca dos reflexiones: que era un niño muy politizado para mis 10 años; y que los políticos eran personificación de los enojos y miedos de toda la sociedad mexicana. Pienso que la risa nerviosa causada por un muchachillo con disfraz de político era causada porque, en aquellos años, los gobiernos no necesitaban ni dependían en forma alguna de la gente para tomar decisiones.

Ahora la situación es diferente, los políticos siguen causando molestia, pero ya no miedo. Mejor dicho, ahora la gente se siente decepcionada porque la democracia no se ve reflejada en mejoras sustantivas a su calidad de vida, pero ya nadie –o casi nadie– pone en duda la legitimidad de las elecciones. El cambio en  estos últimos quince años es, sin duda alguna, la aparición y el fortalecimiento paulatino del Instituto Federal Electoral.

Porque, a pesar de escenarios tan complicados como el que se vivió en la contienda electoral del 2006 o las decrecientes tasas de participación de las votaciones federales de 2009, es imposible afirmar que hubo irregularidades en la elección que no pudieron ser detectadas por alguna de las partes afectadas (con los afectados, no pienso sólo en los candidatos perdedores, sino en toda la sociedad).

Me explico: al coordinar un proyecto de observación electoral a nivel nacional en el proceso electoral federal 2009, pude constatar –con mis propios ojos– las sesiones del consejo distrital, el desarrollo de la jornada electoral e incluso los conteos –y reconteos– de los votos. Testifiqué que los vehículos oficiales de la SAGARPA y el Servicio Postal Mexicano estuvieran guardados el día de la jornada electoral y que nadie usara esas oficinas como call center. Nadie me lo contó.

Si algo me queda claro es que en la realización de las elecciones no está el problema de la toma de decisiones políticas que afecta a mi país. Al contrario, en el día de la jornada electoral se encuentra una de las fortalezas más importantes del sistema político mexicano, que aspira a ser una democracia funcional.

Con esto en mente es que deseo ser Consejero Electoral del distrito electoral en el que he vivido desde hace más de 15 años. Porque esta vez, quiero ponerme el traje de político y no causar entre la gente enojos y miedos, sino confianza en que el proceso de selección de nuestros representantes estará guiado por los principios de certeza, legalidad, imparcialidad, independencia y objetividad: garantizar que todo aquel que pretenda cargos de elección popular tendrá el respaldo de alguna mayoría de la sociedad.

Además, porque gracias a mi formación académica y profesional, lo que me identifica como tomador de decisiones ya no es una máscara de vinil, sino horas de lectura, análisis y reflexión sobre los problemas de la democracia y sus posibles soluciones. Estoy seguro que puedo aportar buenos argumentos a las controversias que se puedan presentar en los futuros procesos electorales y, con eso, asegurar que los tiempos en los que el gobierno causaba temor, han quedado en el pasado.

Desde que tengo uso de razón, la mayoría de la gente se queja de la política. Antes porque no se sentían parte de las decisiones, ahora porque las decisiones que se toman no se consideran las más adecuadas. Si se quiere ver el vaso medio lleno, a la sociedad mexicana le importa mucho la política; si se quiere ver medio vacío, no existen suficientes mecanismos institucionales para que este interés se represente.

Lo que no podemos hacer, es no hacer algo. Porque si bien es cierto que la democracia no es una condición suficiente para mejorar la calidad de vida de los mexicanos, es más cierto que es una condición necesaria; para que México Progrese, haya Oportunidades para Todos y Vivamos Mejor el común denominador es que haya elecciones libres y transparentes.

Porque participar dentro del IFE y fortalecer sus decisiones, es la mejor forma que tenemos para asegurar que sean ciudadanos quienes tomen las decisiones políticas sin dejar de ser ciudadanos, y ese es el único camino seguro para garantizar que mañana, mis hijos no salgan a pedir calaverita disfrazados de políticos. 

(En un rato, tomo protesta como consejero distrital…)

28
nov
11

UNDERDOG

Underdog: a) the unlikely winner in a race; b) someone/thing that is least favorite; c) a competitor thought to have a little chance of winning a fight or a contest.

Underdog es una expresión en inglés que se utiliza para describir a un competidor menos favorecido en una competencia, carrera o batalla. Pero no se hace con un aire de compasión o menosprecio, al contrario, el sustantivo underdog se refiere a la empatía que genera la improbabilidad del triunfo del desvalido.

Un underdog casi siempre perderá, pero lo hará defendiendo su posición con garras y dientes, dejando la vida en esa batalla. Estando debajo hay dos caminos: ofrecer el cuello para clamar piedad, being the dog under, o poner todo el esfuerzo en esa probabilidad mínima de éxito, being underdog; de esa pasión, a pesar de los momios en contra, surge la empatía.

En español, idioma mayoritariamente hablado en Latinoamérica, la expresión no existe o ha desaparecido en su sentido de empatía; tal vez por desuso. Aquí se utilizan expresiones como miserables, desvalidos, pobres, débiles, desamparados. Limitadamente, existe el concepto de caballo negro, pero en ese caso, su improbabilidad se debe a un arranque tardío, no a una competencia desigual.

Lo más cercano que he encontrado a ese concepto es el ser “acá”, como oposición a todo lo de allá, que era como se designaba a lo ajeno al barrio. No me sorprende que sean underdogs quienes tradujeron el término. Entre los que comparten el código, ser acá conlleva esa empatía del éxito ajeno.

Ser acá, según Daniel Manrique (creador del movimiento cultural Tepito Arte Acá):

El ser acá, muy acá, es esa necesidad de modificar el entorno para hacerlo cantar bonito, chidito, sabroso.

Como somos, hemos hecho nuestro medio y nuestro medio nos ha hecho… como somos. ¿Cómo somos? somos como somos, acá: donde de cualquier modo la hacemos y la hacemos cómo quieras.

PS: ¿qué tan acá eres?

02
nov
11

NUEVOS CRIOLLOS

(En respuesta a Olimpia Flores http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=614419)

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”.
Octavio Paz.

Los criollos en la Nueva España, fueron aquellos hijos de españoles que gozaban de los beneficios de una sociedad económicamente estable, pero que, sin importar sus habilidades, capacidades o conocimientos, tenían negado el acceso a la política. Los nuevos criollos son los mexicanos hijos de la democracia que gozan de los beneficios de una sociedad económicamente estable, pero que, sin importar sus habilidades, capacidades o conocimientos, tienen negado el acceso a la política. En ambos casos, las contadas excepciones confirman la regla.

El camino directo para participar en la política institucional en México es la formación política en los partidos: formación teórica (o cómo utilizar la retórica a tu favor), formación práctica (o cómo ganar una elección, haiga sido como haiga sido) y formación simple… porque hay muchos formados antes que tú.

De nada sirven los méritos académicos para construir un plan de gobierno, de poco sirven los liderazgos comunitarios si no se regalan a la voracidad de las maquinarias electorales. Estorba la crítica, molesta el debate; se valora la obediencia, se aprecia el silencio. El chiste es llegar al poder, ya después se averigua para qué.

La revolución de independencia cristalizó cuando los criollos alcanzaron el respaldo popular; siempre es así: intelectuales convencen a una amplia mayoría de la sociedad hasta derrocar lo establecido. Ahora, los nuevos criollos, mediante sus herramientas más cercanas intentan prender una llama que haga inevitable su inclusión en la política; desde Twitter y Facebook, fracasan en popularizar sus demandas, pero fortalecen la identidad entre los de su clase.

El fin del sistema de partido autoritario se convirtió en un sistema de partidos autoritarios; escoger al verdugo, no es consuelo para el condenado. ¿Cómo pretenden los partidos políticos promover la participación del pueblo en la vida democrática si se reservan el derecho de admisión? ¿Cuántas revoluciones se han logrado, por más institucionales que sean, sin conciencia crítica y debate de ideas? ¿Cómo llegar a la acción nacional, si todo lo que importa es la acción electoral? ¿De qué sirve a la gente una revolución democrática minimizada a asambleísmo de disidentes?

El artículo 41 de la Constitución establece que los partidos son entidades de interés público, olvida aclarar: que obedecen intereses de privados. De los diputados del Partido Verde, 18 de 21 no son militantes de ese partido (pero sí hijos de dueños de televisoras, restauranteros, entre otras); setenta familias concentran la nominación de los legisladores plurinominales desde 1934 hasta 2000; y 250 diputados de la LXI Legislatura han sido reelectos, ninguno por los ciudadanos. Las enfermedades que se intenta prevenir, ya infestan nuestra realidad nacional.

Aun así, en la Cámara de Diputados se dosifica con cuentagotas la participación ciudadana en la política, cuando los poderes metainstitucionales acorralan aún más a los ciudadanos: la red internacional de hackers, Anonymous, exige al cártel de los Zetas la liberación de uno de sus miembros, so pena de publicar nombres de cómplices, traidores y soplones e iniciar indirectamente un baño de sangre. Los ciudadanos, en medio, sin lugar para guarecerse.

El tiempo de fortalecer a los partidos políticos como medio para alcanzar el proyecto centralizado de nación mexicana ha terminado junto con la ilusión de la existencia de ese plan mágico. La globalización y sus complicadas redes de poder entretejen una nueva realidad en la que los macroobjetivos han sido sustituidos por la igualdad de oportunidades. En la utopía ha quedado esa suave patria –que envuelve en la música más honda de la selva y moldea a sus hijos por entero– para pasar a la realidad de un país pixel (de Josu Landa), que visto de lejos puede ser armónico pero cuya realidad invariablemente es personal e individual.

Los nuevos criollos intentan una solución pactada, legal e institucional; en caso de no conseguirla, la chispa alguna vez prenderá y el edificio arderá por completo. La metamorfosis es inevitable; la clase política -como los borbones en su momento- puede escoger si se lleva a cabo con ellos ahora, o contra ellos mañana.

25
oct
11

Del mar vino…

El acta de nacimiento de mi abuelo es de esas antiguas que están escritas con letra cursiva y que redactan las circunstancias del nacimiento. Dice algo así como: “En este día, los padres de este niño legítimo de nombre Humberto Fuentes Jímenez, han comparecido a este registro civil para presentar…” bla, bla, bla. El texto es convencional, salvo en la parte en la que dice el estado del niño presentado; mi abuelo dice que en su acta no dice que presentaron a un niño vivo, sino un niño muy vivo.

Creció en Tonalá, Chiapas, una ciudad pequeña en la costa chiapaneca, muy cerca de los límites con Oaxaca. Cuando fue niño no tenía cemento en el piso de su casa, compartía su recamara con muchos de sus hermanos, a veces vecinos, primos, y visitantes; rara vez le compraron juguetes y nunca tuvo vacaciones. Era muy rico: jugaba en la naturaleza, nadaba en un mar con pocas embarcaciones; hacía lo que quería; fue un niño del mar.

Al momento de crecer, cuando la vida te obliga a ser productivo, aprendió el oficio de boticario: desde cómo encontrar las plantas para preparar diferentes brebajes, hasta conocer cómo mezclarlos y en qué dosis son más efectivos. Se convirtió en un hombre muy importante en su comunidad: al no haber hospital, él era uno de los 4 únicos en la ciudad que podían curarte las enfermedades. Nunca quiso dejar de ser rico: decidió ser pescador (o tal vez sólo aceptó el llamado del mar). Aunque tuviera mucho trabajo, se despertaba a las 5 de la mañana todos los días para ir a los manglares y pescar la comida del día.

(Alguna vez lo buscó un partido político para ser presidente municipal de Tonalá; sin dudarlo, él se negó, “yo soy un pescador que sabe de medicinas… no un político”)

De lo primero que recuerdo de mi abuelo es que tenía unas pequeñas pinzas, como las que usan las mujeres para depilarse las cejas. Cuando iba a visitarlo a su consultorio, me daba las pinzas y pagaba un peso por cada cana que le quitara… Después, cuando los cabellos blancos eran más que los negros, me pedía que le encontrara estos últimos; ya no me pagaba por esos.

Mi abuelo me enseñó a respetar el mar: esa fuerza incansable, inexplicable y profunda que espera, tarde o temprano cualquier caminar. El mar circunscribe al mundo; al final todo lo que podemos hacer no va a cambiar el azul y la inmensidad del océano. ¿Por qué preocuparse, entonces, por eso poco –realmente poco– que podemos transformar?

Respetar al mar es encontrarnos simples y disfrutar nuestra nimiedad.

Más grande, a los 16 años, fui con mi hermana a Boca del Cielo (lo que aparece en mi mente cuando pronuncio la palabra paraíso) en una tarde de verano. Don Beto insistió en acompañarnos y en camino, compró una botella de ron blanco. Pasamos el día de trago en trago y cuando atardecía, me confesó que soñó con ese día: compartir una botella con su nieto, con el mar de fondo.

(Alguna otra ocasión, pedí una cerveza León y mi abuelo le pidió al mesero que no sólo me trajera la León, sino también una leona “pues ya era todo un hombrecito”… creo que yo tenía como 14 años)

Una mañana, como lo hacía a diario, mientras pescaba con su arpón, fue atacado por un cocodrilo al grado de casi perder la vida. Para ser exactos, como él contaba la historia, no fue un cocodrilo, sino una cocodrila… presa del deseo por verlo en traje de baño. El resto de la historia es heroico: usó su arpón para luchar contra el/la reptil; herido, escaló un árbol y espero cinco horas a que llegara alguien a rescatarlo. Nunca más nado en el mar.

Recordar a mi abuelo es pensar en la magia de la vida, en lo sencillo que es ser feliz y en la importancia de la risa. Nunca lo vi pasar un día sin hacer un chiste, sin reír, sin pasarla bien (no obstante de las adversidades o los problemas a enfrentar). En la memoria del Gran Jefe –así lo llamaba mi padre– está lo más impredecible de mi origen: ¿quién hubiera pensado que un niño del mar podría curar a la
gente? ¿Quién podría decir que el hijo de un pescador podría ser ingeniero, médico, virólogo o psicóloga? ¿Quién se atrevería a decir que el nieto de un pescador sería _____? Yo, gracias a lo que me enseñó mi abuelo, puedo ser lo que yo quiera.

La última vez que vi a mi abuelo, me dijo –aunque yo no le creí– cómo iba a morir: “un infarto fulminante, así, sin sufrir”. Hasta el último de sus días, tuvo una doble virtud (por demás admirable): no sólo hizo todo lo que quiso, también quiso todo lo que hizo.

En estos días, muchos me han dicho que mi abuelo se fue al cielo, pero yo creo que se equivocan: estoy seguro que regresó al mar.

27
sep
11

El niño obediente

Enrique Peña Nieto es un engendro del sistema de partidos –no quiero ofender al copetudo, sino al sistema mismo. Recordemos que en 2005, Peña salió como ganador-condorcet de  encarnizadas luchas intestinas del PRI Edomex, ante la evidente pérdida de poder del Grupo Atlacomulco por el desprestigio de Arturo Montiel (y su casa en París). Entonces, todos acordaron que el casi-desconocido Enrique sería el candidato gracias a su gran virtud –así lo formó el sistema: obedecer.

Como gobernador ha hecho efectiva su virtud, obedece los consejos de los sobrevivientes del viejo PRI. No corre riesgos, no pelea con nadie, no hace grandes propuestas, no pretende cambios profundos; es un administrador de las crisis. Su objetivo no es el progreso, sino la permanencia; vale más paso que dure que trote que canse.

La obediencia se vuelve más valiosa cuando se tiene el dinero suficiente para contratar a todos los expertos que sean necesarios para llegar al poder. Tristemente –nuevamente, culpa del sistema– los profesionales contratados no hacen políticas públicas, sino spots y campañas mediáticas. Hace caso a las recomendaciones sobre su cabello, su corbata, sus discursos y hasta su vida amorosa. ¿Será suficiente?

Se acerca la verdadera batalla del proceso electoral. Ahí, los consejos de los equipos de campaña son útiles, pero la batalla cuerpo a cuerpo de los candidatos adquiere mayor importancia. Peña Nieto tendrá que demostrar, quiera o no, quién es en verdad. La elección va a ser Todos Contra Peña. En el arranque se ha evidenciado que el rey está desnudo, ¿habrá tiempo suficiente para vestirlo?

El niño ha sido tan obediente que no ha tomado las lecciones de la vida; sus creadores le han quitado todos los obstáculos del camino. Su mejor estrategia, la única que le asegura la presidencia, es enfrentar las críticas, los desafíos y aprender de forma apresurada. Nuestro México necesita cambios importantes, no seguir obedeciendo a un sistema que nos ha llevado hasta aquí; el que sepa entenderlo y comunicarlo, ocupará la presidencia.




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