“La constancia, disciplina y esfuerzo son las bases del éxito. Sigue estudiando para que seas un gran ejemplo. Feliz día del niño 2006. Con todo mi afecto para el triunfador del mañana, te desea tu amigo…”
Osiél Cárdenas Guillen, líder del cartel del Golfo.
Aproximar el dinero de Joaquín “el Chapo” Guzmán, no puede ser tan difícil: con tan sólo sumar el valor de sus propiedades, ponderar su participación en el mercado de la cocaína en México y Estados Unidos y darle una aproximación a su participación en varias industrias vía lavado de dinero, se puede llegar a una cifra como los mil millones de dólares que calcula Forbes. Al mismo tiempo, la mayoría de esta información es pública, ya sea porque está en los informes de la DEA, la AFI o que, como dicen, cualquier taxista en Sinaloa te puede decir cuál es la casa de Guzmán Loera. La pregunta ciudadana subsecuente es obvia: ¿por qué entonces el gobierno no hace nada?
Además de todas las cadenas de corrupción e impunidad que llenan el sistema judicial mexicano, los buenos policías –si los hay–, pueden afirmar que es muy difícil de probar el origen ilícito de los bienes y que aún si se hiciera, sería aún más difícil incautarlos y aprovecharlos de otra manera (recordar el caso Zhenli Ye Gon). Ante este panorama, y siguiendo la experiencia colombiana, se discute a nivel nacional (y ya se ha aprobado en el Distrito Federal) la aplicación de la Extinción de Dominio, que consiste, en palabras de la abogada María Eloisa Quintero, en “una herramienta jurídica que consiste en la pérdida absoluta del dominio sobre un bien en particular, y su aplicación a favor del Estado, cuando estos cumplan características especiales”. Es decir, la capacidad del estado para confiscar bienes y usarlos para otros fines, cuando estos provengan de actividades ilícitas; a diferencia de la expropiación, no es necesario demostrar utilidad pública.
Bien dice el Dr. Edgardo Buscaglia (asesor de Naciones Unidas en temas de Seguridad Nacional y profesor invitado del ITAM), la lucha contra el narcotráfico es como un auto, que para avanzar, necesita de 4 ruedas: (1) captura de líderes del crimen organizado, (2) reforzar la seguridad de las ciudades incluso con el ejército, (3) atacar las fuentes financieras de los criminales y (4) terminar con la colusión entre políticos y criminales que dan fondos para sus campañas. En la opinión de este experto, en México, los pocos resultados se deben a que no se hace nada para terminar con el lavado de dinero y la narcopolítica. Por más que sea capturado un capo, si el que le siga tiene los mismos recursos e impunidad, sólo es cuestión de tiempo para que se regeneren los grupos criminales. La Extinción de Dominio, es una herramienta jurídica que permitiría atacar el financiamiento del crimen organizado, para poder terminar definitivamente con ellos.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, existe una potencial violación de garantías individuales si se aprueba esta figura jurídica. A diferencia de alguien que es acusado de homicidio por ser atrapado acuchillando a alguien, en la actividad financiera ilícita, no hay flagrancia, por lo que cualquiera con un incremento de recursos puede ser potencialmente sospechoso y sufrir injustamente un proceso de Extinción de Dominio. Mientras que parecería justo que el presunto homicida presente pruebas para defender su inocencia, no queda tan claro que el que ha incrementado su patrimonio tenga que dar explicaciones sobre su origen. Peor aún, podría haber hostigamiento político a la oposición gracias a esta ley, e incluso, en un caso extremo, las inversiones extranjeras podrían salir huyendo del país por la incertidumbre jurídica sobre la propiedad que esta ley mal aplicada puede traer.
Hemos llegado a un punto en el que el narcotráfico no sólo va ganando la batalla, sino que amenaza con el KO. Y ante todo esto, nadie da demasiada importancia a la educación, la cultura y la conciencia nacional para terminar un problema tan grave como es el consumo de drogas. Si no se genera un vínculo entre los ciudadanos y el gobierno, nunca saldremos de este círculo vicioso de violencia, muerte y destrucción. Esto es algo en lo que, a diferencia del gobierno, el narcotráfico sí ha avanzado: toneladas de juguetes para los niños, remodelación y mantenimiento de las iglesias, construcción de caminos para comunidades alejadas y muchas otras acciones que los ubican más cercanos a la gente que los gobiernos que se dicen democráticos. Sólo así, se puede entender la riqueza de El Chapo.