“Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía”. Jean Jacques Rosseau
Al estudiar los sistemas de partidos a lo largo del mundo, es muy útil dividir a los partidos a lo largo de un continuo ideológico en el cual existen dos grandes divisiones: izquierda y derecha. Sin embargo, existe una corriente dentro del análisis de la opinión pública, que afirma que el comportamiento de los electores, no responde a esta supuesta división entre los partidos. Por ejemplo, Luis Estrada —profesor del ITAM— encuentra que si bien la gente que se asuma de izquierda vota por el PRD y la de derecha por el PAN (es decir, una correcta identificación de los partidos dentro del espectro), al momento de pedirles que diferencien políticas de izquierda con políticas de derecha, fallan significativamente (más del 25% de los izquierdistas encuestados piensan que privatizar PEMEX y aumentar los cuerpos de seguridad es una política de izquierda). Una conclusión conciliadora podría ser que aunque muchas veces las políticas públicas de izquierdas y derechas parezcan homogéneas, sí existen diferencias significativas entre ellas, las cuales son determinadas geográficamente (es decir, no es lo mismo la izquierda mexicana que la chilena o la húngara).
Un claro ejemplo de esta ambigüedad ideológica es que el presidente Felipe Calderón, haya decidido posponer la publicación del apartado de federalismo de su propia propuesta de Reforma Fiscal. Para empezar, la iniciativa fiscal del gobierno de derecha, tenía un corte de izquierda: buscaba tasar a los que más tienen para el beneficio de los que menos; sobresalían impuestos como el IETU (antes CETU) y que el estatismo del régimen del IVA. Más sorprendente es que el presidente ha decidido no publicar la ley alegando que este incremento de precios va a afectar a la gente pobre (en un claro movimiento político de izquierda). Por último en este surrealista cuento hacendario, cabe destacar que el PAN en las cámaras votó en bloque a favor de la reforma fiscal; en caso de haberlo hecho en contra, sumando sus votos a los del PRD —cuyo argumento en contra de la iniciativa es el mismo del presidente—, el dictamen no hubiera sido aprobado.
Los políticos no son tontos y mucho menos flojos, calculan cada uno de sus movimientos y saben las consecuencias que conllevan. Dudo que el PAN y el presidente estén separados y dudo que Calderón, de último momento, haya decidido vetar la aplicación del gasolinazo. Al contrario, la estrategia del equipo del presidente era ungir al mandatario como el héroe salvador de los bolsillos mexicanos, que siempre busca lo mejor para su pueblo, aún cuando para eso tenga que oponerse al poder legislativo en su conjunto o a los trescientos líderes más poderosos del país. Esta desalineación de Felipe Calderón, sólo tiene un objetivo: ascender en su popularidad y aumentar su poder político.
La efectividad de las maniobras políticas se mide por la cantidad de poder que generó para su ejecutor, por lo que, este acto de Calderón —políticamente—, fue magistral. Las acciones de gobierno se miden por cuantos beneficios traen a la población, por lo que, el actuar del presidente deja mucho que desear. Si lo que pretendía era contener la inflación para no afectar demasiado a los ciudadanos, el efecto del retraso será opuesto.
La explicación es sencilla (cualquier alumno de macroeconomía —del ITAM— la conoce): Expectativas Racionales. Robert Lucas ganó un premio Nobel de Economía por demostrar que la Curva de Phillips (que relaciona negativamente la inflación y el desempleo) se ajusta a lo largo del tiempo gracias a las expectativas inflacionarias, no a las cifras de inflación del periodo pasado; es decir, la gente —aunque se equivoque— ajustará salarios y precios según el aumento esperado de precios, no el que reporte el Banco de México o el que detenga un decreto del ejecutivo. El presidente ha contribuido a generar una burbuja inflacionaria que ya ha afectado precios de la canasta básica (el pan ahora es más costoso), que se adicionará a la que muy posiblemente llegará en enero tras el aumento —ahora sí— de los precios en la gasolina y el diesel, insumo necesario para gran cantidad de industrias.
Hay quienes dicen que la política es un oficio muy sucio y que en ella se permiten todo tipo de estratagemas; la política es la guerra y, por lo tanto, todo se vale. Se les olvida que el éxito de la convivencia social se basa en la capacidad de sublimación de las actitudes agresivas, por lo que, esas formas no tienen cabida ni en la política ni en la sociedad misma. Los criterios políticos nunca deben pesar más que los de eficiencia y eficacia, porque a la gente no le importa quien lo hizo sino que se haga.
Es por esto que el ciudadano vive perdido en el —laberíntico— espectro político mexicano. Mientras que los políticos viven perdidos en sí mismos, olvidando que el voto no se lo gana ni la izquierda ni la derecha, sino aquel que —sin importar el color— gobierne mejor.