27
Ene
08

La Tranquilidad de las Almas

Ha muerto el actor Heath Ledger. Y lo que me interesa no es hablar sobre su participación en la cinta 10 things I hate about you, o su máxima actuación en Brokeback Mountain. No, esta vez hablaré sobre lo que ha sucitado su muerte entre algunas radicales comunidades religiosas de Estados Unidos; la Iglesia Bautista de Westboro ha declarado que su muerte prematura se debe a la ira de Dios, quien -es bien sabido- odia a los homosexuales. “Ledger pensó que hacer propaganda a favor de los homosexuales era divertido y Dios lo ha castigado por su insolencia” afirman en un comunicado y planean arruinar con una protesta homofóbica el funeral de este individuo heterosexual cuyo trabajo lo convirtió en un símbolo de la comunidad gay. Y rematan el comunicado: “ahora él sufre en el infierno el castigo eterno”.
http://www.godhatesfags.com/

Pero en eso de la intolerancia religiosa no nos quedamos atrás. Resulta que en el municipio de Tultitlán, en la zona conurbada del Distrito Federal, se ha develado un coloso de 21 metros que corona un improvisado templo de la Santa Muerte. La estatua ha despertado el malestar entre los vecinos de la colonia quienes ya planean clausurar el predio gracias a que la religión de los adoradores de la Santa Muerte no tiene permiso ante la Secretaría de Gobernación, el cual fue negado por el secretario de gobernación del sexenio foxista Carlos María Abascal, quien -como muchos sabemos- tiene una amplia devoción por el catolicismo, religión nacionalmente mayoritaria que ve con malos ojos a esta “competidora” por las almas.
http://afp.google.com/article/ALeqM5iqIvflLZiEIVKaSr77hVdpDJAWGA

Sin afán de pasar a una discusión dogmática, sólo puedo inferir las siguientes conclusiones:

1) Así como todos somos libre de apoyar a un partido político, o a un equipo de futbol, también debemos ser libres de profesar la creencia espiritual que mejor salvaguarde los interéses de nuestra alma.
2) Si los partidos políticos no opinan sobre la vida espiritual de las personas (o al menos no deberían), ni los actores sobre la vida privada de los ciudadanos, entonces, las religiones no deberían opinar sobre política y mucho menos sobre la vida personal de los que no son sus fieles. Al Dios lo que es del Dios, al César lo que es del César.
3) La afinidad religiosa se ha convertido en un mercado que compite por las almas de las personas: así las religiones restrictivas (que exigen celibatos, puritanismos o manifestaciones de la fe continuas) se han vuelto “costosas” y sus fieles van decreciendo; mientras que las religiones “libertarias” que permiten a sus fieles mínimos de fe y pocos “sacrificios” van en aumento.
4) La excepción son las religiones-secta cuyos beneficios crecientes para sus practicantes cubren los costos de las restricciones que les imponen. Ya sean beneficios terrenales (trabajo, dinero, status) o metafísicas (curación de enfermedades incurables, encuentros con el más allá, etc.).

Está para pensarse, mis estimados lectores, cual será el camino que cada uno escogerá para dar tranquilidad a su alma y satisfacer lo que nuestra parte espiritual nos demanda. Lo que sí es un hecho, es cada quien optará por distintos caminos y es precisamente en esto en lo que radica la grandeza de la libertad humana (la cual, si existe un creador, estaremos aplicando según su diseño).


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