Archivos para Febrero 2008

27
Feb
08

Reflexiones del Petróleo

Aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales”.
Mahatma Gandhi.

En estos tiempos de lo desechable, el cambio constante se ha convertido en una necesidad social: en lugar de corregir los errores, es mejor volver a empezar. La política no es la excepción y el reformismo se ha convertido en un cliché esperanzador. Así, en momentos donde urge corregir el rumbo es importante que el optimista espíritu del cambio no nos haga perder objetividad. Al hablar sobre la reforma a PEMEX, son muchos los que creen que todo se puede arreglar con un borrador que olvidé todo lo que ha sido esta paraestatal y un gran lápiz empresarial que rediseñe la industria y dibujé el buen camino.

Cualquier diagnóstico sobre el tema petrolero tiene que empezar reconociendo que PEMEX ha cargado con gran parte de la recaudación fiscal durante más de 30 años. La ordeña a la paraestatal ha aumentado en 1100% en los últimos 20 años (http://dgcnesyp.inegi.gob.mx/cgi-win/bdieintsi.exe/Consultar) y su tasa impositiva es mayor al 60% de sus ingresos. Ninguna otra empresa en el mundo podría sobrevivir a dicho régimen impositivo. Con todo esto, aún hay inversionistas interesados en adquirir PEMEX en caso de una venta. Y es que en momentos donde el petróleo ha alcanzado sus precios más altos, México es el único de los países productores de hidrocarburos que piensa en la privatización.

Otro de los grandes problemas de las empresas paraestatales es que los criterios con los que toman sus decisiones no suelen ser los de mercado, sino los que marca el pulso político. El caso de PEMEX es claro, su máximo órgano de decisión —el Consejo de Administración— consta de 11 miembros de los cuales seis son electos por el poder Ejecutivo y los otros cinco por el sindicato de trabajadores. Un gran paso para reformar a Petroleos Mexicanos sería dar autonomía real en la toma decisiones a la empresa para que pueda desenvolverse correctamente en un mercado de crucial importancia para México y el mundo.

Por otro lado, los trabajadores de PEMEX gozan de un régimen excepcionalmente benéfico en un entorno donde los beneficios sociales van en disminución constante. El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) ha pasado de ser el defensor de los derechos laborales de un grupo de trabajadores, a ser una camarilla que usa a la paraestatal como capital político, manteniendo a raya a los empleados, cooptados gracias a la discrecionalidad que usan para favorecer a sus allegados. Un gran cambio para PEMEX sería aprovechar las altas prestaciones que reciben sus trabajadores para atraer a las personas más productivas, empezando por quitar al sindicato la exclusividad —monopsonio— de la contratación de trabajadores.

Por último, cabe destacar que los efectos del calentamiento global serán irreversibles en un plazo no mayor a treinte años. Es de vital importancia pensar que PEMEX, y el petróleo en general, tiene una corta vida útil, por lo que es necesario buscar alternativas energéticas para aminorar el impacto que esto tendrá en las finanzas públicas. Por ejemplo, México cuenta con una capacidad de aprovechamiento de energía solar de casi el doble que España (país que surte de energía solar a toda Europa); un panel solar de 17 km2 podría surtir de energía eléctrica a todo el mundo, y un lugar idóneo para su ubicación podría ser el desierto de Sonora.

Los modelos económicos sirven para solucionar en lo abstracto problemas sociales, sin embargo, la realidad suele ser más compleja. En la capacidad de distinguir entre uno y otro radica la diferencia entre un estadista y un técnico. Así fue como México al abrir sus fronteras al mercado global, olvidó que el poder discrecional del entonces partido único distorsionaría a tal grado el modelo que la banca quebró y fue rescatada, sufrimos en 1995 una de las peores crisis financieras de la década, y engendramos al hombre más rico del mundo. Vivimos en un momento clave, en el que debemos evitar que la euforia refomista nos haga tomar decisiones de las que después —tardíamente— nos arrepintamos y requiramos no ya una reforma sino una revolución.

  

15
Feb
08

Por Un Toreo Justo.

(Gracias Marcelo)

El destino de un toro, al igual que el de todos es morir. Sin embargo, hay miles de personas en el mundo quejándose por una forma particular de muerte del toro: la tauromaquia. Yo soy uno de ellos y pienso que este “deporte”es una muestra de lo poco que ha avanzado la civilización y el hombre (recordar la tauromaquia en Creta). En una discusión sobre el tema, un amigo defendía a la Fiesta Brava con un argumento que llamó mucho mi atención: “a nombre de los toros del mundo, es necesario que se les dé una oportunidad de salvación, eso es el toreo”. Y esto se debe a que no todos los toros mueren en el ruedo, existe la remota posibilidad de ser indultados y convertirse en semental por el resto de sus vidas.

El planteamiento es interesante y parcialmente cierto, falta calcular la utilidad esperada del toro promedio. Supongamos que los toros responden positivamente a la vida y al placer, y negativamente al dolor y a la muerte, por lo que: vivir placenteramente (VC) es preferido a  vivir (V), que a su vez es preferido a morir (M), pero morir con dolor (MD) es peor que sólo morir. Asumamos que la probabilidad de ser indultado es de α —y la de morir dolorosamente es de (1-α). Además, estandarizaremos la vida de un toro que no es toreado y le asignemos un valor de 0; su vida normal tiene un valor positivo que se contrarresta con el valor negativo que tiene una muerte sin violencia. Así, un toro enfrenta una apuesta en el siguiente sentido:

Utilidad Esperada al ser toreado= UET = α (MD) + (1-α) (VC).
Utilidad Esperada de no ser toreado= UEN = V -M = 0.

Para que dicha apuesta sea justa (asumiendo que los toros son neutrales al riesgo), es necesario que la Utilidad Esperada al ser toreado sea igual a la Utilidad Esperada de no ser toreado. Tras algunos despejes simples obtenemos que:

UEN=UET  óVC= (α/1-α) (-MD)

El coeficiente (α/1-α) no es otra cosa más que el número de toros que morirán por cada toro que sea indultado; es decir, si la probabilidad de morir en el ruedo (α) es de 0.99, el coeficiente (α/1-α)= (0.99/0.01) = 99 toros morirán, en promedio, por cada uno que sea indultado. Para que la fiesta brava sea justa con los toros, es necesario que el toro indultado reciba una vida de semental lo suficientemente placentera como para equivaler al dolor sufrido por todos aquellos que no lograron sobrevivir al ruedo.

Propongo a los empresarios interesados en la justicia animal que cada plaza de toros ofrezca una bolsa garantizada al toro que sea indultado: darle un valor monetario al sufrimiento de un toro en el ruedo (sugeriría un pocentaje de las entradas)  e ir contando cuántos toros no logran salvarse, para que el primero en ser indultado reciba el equivalente positivo del sufrimiento de sus colegas desafortunados.

Es así como sigo en contra de la tauromaquía, no sólo porque es inhumana, sino porque es sin duda alguna injusta, como ha quedado demostrado. Y aunque el esquema aquí propuesto se llevara a cabo, seguiría en contra de la fiesta brava, pero entonces, no podría decir que lo hago por el beneficio de los toros.

Toros 




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