“Ningún gobierno puede estar seguro largo tiempo sin una formidable oposición”.
Benjamín Disraeli
Toda democracia descansa en la posibilidad de la alternancia, por lo que el desarrollo del sistema de partidos refleja la salud del sistema político. Es por esto importante seguir el desarrollo de las elecciones internas de los partidos en México, más aún cuando los partidos —gracias a la prohibición dela reelección legislativa—, desde sus órganos centrales, deciden el destino de la mayoría de sus miembros. El próximo 16 de marzo, se celebrará la elección que determinará nueva dirigencia nacional del PRD: la consolidación de la corriente de Andrés Manuel López Obrador (Izquierda Democrática Nacional) en la figura de Alejandro Encinas, contra la reestructuración impulsada por la corriente de Jesús Ortega y Jesús Zambrano (Nueva Izquierda).
Como primer elemento de análisis, es destacable que la crisis es reconocida por todos los candidatos ya que en los lemas de campaña, todos prometen el cambio, como lo reflejan los lemas de campaña de los contendientes (“Yo sí ayudo a rescatar al PRD” Encinas y “El cambio comienza con nosotros: un PRD renovado” Ortega); nadie quiere cargar con el peso de la derrota en 2006, a pesar de que el actual Comité Ejecutivo Nacional lo comparten IDN (presidencia) y NI (secretaría general). El voto de los perredistas será principalmente prospectivo (lo que los electores esperan en un futuro de los candidatos), en lugar de retrospectivo (lo que los electores quieren que los candidatos sigan haciendo), otro claro signo de la urgencia de la inflexión.
Encuestas más encuestas menos, el favorito para ganar esta elección es Jesús Ortega, ya que gran parte de esta elección se decidió en agosto, cuando en el Congreso Nacional, se determinó que la votación iba a ser exclusivamente para perredistas afiliados. Con esto se limitó el poder de influencia que las estructuras de simpatizantes puedan tener, en las cuales Alejandro Encinas e IDN tiene ventaja gracias al movimiento de AMLO. Lo curioso es que usualmente los militantes son más radicales —ideológicamente— que los simpatizantes, ya que si bien se sienten representados por el partido, tienen incentivos para invertir tiempo en la organización de tal manera que sus preferencias sean tomadas en cuenta de manera más significativa. A este fenómeno se le conoce como la Ley de la Disparidad Ideológica Curvilínea de May.
El caso del PRD es atípico y la única explicación lógica al respecto, es que los simpatizantes radicales no se sienten representados por el PRD en sí, sino por una de sus corrientes que sí asume una postura radical; es por eso que responden más al llamado de un líder del partido que al partido mismo. Es aquí donde radica el dilema del PRD: hacerse hacia el centro para triunfar en las elecciones federales, so riesgo de ruptura definitiva. No soy el primero en especular que podría surgir un Partido Obradorista Mexicano, con o sin Andrés Manuel en él. Cabe destacar que el ex candidato presidencial es el primero en querer integrar a sus bases al PRD, al grado de regañar a sus huestes cuando muestran su rechazo al resto de los dirigentes. AMLO es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que si no está en uno de los grandes partidos, su participación nunca llegará más allá de un líder de opinión; el PRD sabe que sin un liderazgo como el del tabasqueño, este partido perdería a gran parte de sus electores cautivos. La solución natural es la fragmentación de la izquierda mexicana en varios partidos, a pesar de que ésta es la opción menos preferida por toda la cúpula perredista. Dicen que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar, habrá que ver si en esta ocasión el PRD lo logra.
Varias conclusiones: (1) El siguiente domingo, el PRD se subirá a un tren que determinará su destino en 2009, ya sea el programado con el histórico 20% de la votación, o uno en el que entre de lleno a la discusión política, con total incertidumbre electoral: desde la muerte prematura hasta la resurrección como la principal fuerza de oposición. (2) Aún hay un importante número de mexicanos que no se encuentran identificados con algún partido dentro de nuestro sistema político (EZLN, EPR, APPO, Atenco, etc.); éste es el principal reto de la neonata democracia mexicana. (3) Conviene al sistema de partidos mexicano que el PRD logre canalizar a estos ciudadanos, en pro de la formación de una oposición responsable que represente una posibilidad de alternancia viable, una democracia plural que realmente incluya a TODOS los mexicanos.