“Me gustan más los sueños del futuro que las historias del pasado”.
Thomas Jefferson.
Si yo fuera AMLO tomaría las tribunas. Ocuparía cada espacio posible para exponer mi propuesta de Reforma Energética, cuyo objetivo sería sacar de PEMEX a la política: evitar tanto contratos como los de Juan Camilo Mouriño, como amenazas a “tomas pacíficas” de los pozos petroleros. Participaría en el debate y buscaría argumentos, cifras y datos para poder convencer –ya no a los legisladores que tienen su voto comprometido, sino– a la opinión pública, manteniéndome siempre abierto a escuchar las opiniones de los demás.
Si yo fuera AMLO preferiría una izquierda unida. Denunciaría las conductas antropófagas dentro del PRD, tanto de Chucho como de Encinas, y buscaría la legalidad y la democracia, aún si esto no me favoreciera en el corto plazo. Me deslindaría de cualquier facción dentro del perredismo y me mostraría partidario de una izquierda que fuera tanto cercana a la gente como moderna y progresista.
Si yo fuera AMLO no reconocería a Felipe Calderón. Al contrario, lo denunciaría constantemente porque su guerra contra el narcotráfico cada vez parece más perdida; porque permite que el Sistema Educativo esté secuestrado por el sindicato de maestros y su antidemocrática líder vitalicia; porque tardó casi dos años en presentar su plan para combatir la pobreza, mientras que millones de mexicanos migran diariamente en búsqueda de mejores oportunidades de vida; porque no se atreve a enviar una nueva reforma de medios que acote el poder de las televisoras.
Si yo fuera AMLO no me callaría. Gritaría tan fuerte como pudiera que México sigue siendo el segundo país más peligroso para los periodistas; que a pesar de Lydia Cacho –quien recibirá el Premio a la Libertad de Expresión que entrega la UNESCO–, Mario Marin sigue siendo gobernador de Puebla; que el representante del Alto Comisionado de la ONU en México ha sido despedido tras hacer críticas al gobierno mexicano por la presencia del ejército en las calles; que el gobernador de Jalisco está gastando cifras millonarias en la iglesia y que ha explicitado que la opinión pública “le vale madres”; que Ulises Ruiz; que las Televisa y TV Azteca; que TELMEX…
Si yo fuera AMLO sería radicalmente de izquierda. Buscaría siempre generar una sociedad con más igualdad, aún cuando esto no beneficie a mis simpatizantes. Radicalmente condenaría la existencia de algunos más iguales que otros y denunciaría las dádivas a taxistas piratas, comerciantes informales e invasores de predios tanto como a los contratos ilícitos, los rescates bancarios y la colusión empresarial.
Si yo fuera AMLO no me tomaría las cosas tan personales. Procuraría delegar al máximo mis responsabilidades y buscaría canales institucionales para sentar precedente sobre la resolución de problemas y ahorrarle trabajo a los que vengan después. Buscaría afianzar en mis seguidores mis ideas –más que mis actos– para que, aún si yo desapareciera de la esfera política, el movimiento se mantuviera firme y vigente.
Si yo fuera AMLO dejaría de ser un líder por cuestionar a mis seguidores. Si yo fuera AMLO no expondría jamás la integridad de mis seguidores. Si yo fuera AMLO ya no sería carismático porque preferiría la crítica de fondo y bien argumentada a la frase coloquial contra el enemigo en turno. Si yo fuera AMLO olvidaría mi carrera como funcionario público y me concentraría en ser un líder de opinión. Si yo fuera AMLO sonreiría todo el tiempo, seguro de mis ideales y mis convicciones. Si yo fuera AMLO no descalificaría a nadie. Si yo fuera AMLO procuraría cada vez que pudiera evitar la polarización. Si yo fuera AMLO moriría pronto: ya sea crucificado en el Monte Calvario y resucitando al tercer día a la vida eterna, o fusilado en el Cerro de las Campanas y olvidado por siempre en el panteón oscuro de la historia.
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