El imbo es un lugar en el que cuando estás, no quieres estar, pero moverte es peor. Es como cuando vas a tomar un camino y no sabes si será el correcto, o si después te arrepentiras el resto de los años. Desde ahí, se ve todo tan peligroso pero a la vez tan atractivo que tomar decisiones atemoriza al más bravo. Ahí me siento. Y ya sentado pienso en qué hacer y si hacer me llevará a algo o sólo es mi imaginación que pretende darle sentido al rumbo (cuando en realidad no lo tiene). Estos son los problemas que trae no creer en el destino. Ni en Dios. Ah, y no tener televisión.
Archivos para Noviembre 2008
En el imbo
Porque hablo como idiota
Siempre me he preguntado cómo es vivir con personas como Daddy Yankee, Nigga o cualquier locutor de Alfa Radio. Es decir, sus tonos de voz son tan particulares que no me imagino que en la vida real hablen de otra manera que como reggaetoneros, rimando todo y pidiendo Aaalfaa Cardss por la vida… Tal vez su vida no es tan fácil, es más, tal vez y el reggaeton es el destino de sus vidas (por más bizarro que se puede escuchar)…
¿Qué pasaría si Nigga hubiera estudiado para abogado?
Por cierto, este gran video ha sido tomado de 31 minutos, un sensacional programa infantil chileno. En México lo transmiten en el Canal Once.
TURBULENCIA EN EL FRENTE
“El no lo mató. Fue la misma sociedad y el medio en el que se desarrolló”
Fragmento de la canción “Él no lo mató” de El Haragán y Cia.
Me ha llamado muchísimo la atención el morboso deseo de gran parte de la población por saber que el deceso de Juan Camilo Mouriño fue resultado de un estudiadísimo atentado perpetrado por el crimen organizado, los narcotraficantes, alguno de sus posibles enemigos, o todos juntos. Tal parece que la gente necesita de sangre para saciar sus necesidades informativas. Y cómo no pensarlo si a diario nos presentan las noticias como si fueran las de una guerra: tantas bajas enemigas, tantos policías caídos, tal captura de una base, tal toma de una plaza.
Para explicar cómo los ciudadanos adquieren información y la transforman en opinión pública, John R. Zaller enumera cuatro axiomas, uno de los cuales –el de Accesibilidad– dice que: “entre más recientemente una consideración haya sido recordada o pensada, menos tiempo lleva traer dicha consideración de la memoria a la menta para usarse”. Desde Comunicación Social piensan que es astuto informar la lucha contra el narcotráfico como una guerra sin cuartel, sólo que olvidan que en su ficción el frente de batalla es la vida diaria de millones de mexicanos. Somos los ciudadanos quienes hemos quedado en medio de este fuego cruzado; por eso no es tan difícil que imaginemos una escena de esta tétrica película en Reforma y Periférico.
Y más allá de las percepciones y las subjetividades, me preocupa que no haya sido un atentado. Cómo es posible que el avión en el que diariamente se desplaza el segundo hombre más importante del gobierno federal haya sido comprado a pesar de las alertas internacionales sobre sus posibles fallas en estructura o fuselaje, ¿compadre de quien fue el que “ganó” la licitación? Cómo es posible que los pilotos de la nave que trae al responsable de la política interior del país no hayan estado suficientemente capacitados, ¿quiénes fueron sus “palancas”? Cómo es posible que el trágico avión haya sido revisado exhaustivamente un mes antes del accidente, ¿o sólo fue mera simulación y ese dinero está ahora en los bolsillos de algún funcionario medio?
A mi no me queda duda, Mouriño fue asesinado. Espero que haya sido por alguien con nombre y apellido que algún día puede pagar por su crimen, y no por todo un sistema de corruptelas, compadrazgos, palancas e impunidad que corrompe diariamente a nuestro país a todos sus niveles. Ojalá, en serio, que haya sido un atentado.
Del amor y otros demonios.
El náhuatl es un idioma aglutinante, eso quiere decir que en lugar de preposiciones, la forma de agregar palabras es juntàndolas. Algo interesante, es que para formar la palabra amor, es necesario aglutinar el sustantivo “vida” con el sufijo de acción, es decir amar es vida en acción. Ja.
CONTRASENTIDO
“La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”.
Winston Churchill.
Tuvieron que pasar más de siete meses para que se aprobara la Reforma a PEMEX. En un hecho poco común en estos tiempos, una reforma sobre un tema esencial de la agenda política, fue aprobada por consenso unánime. O bueno, casi: el Movimiento en Defensa del Petróleo, encabezado por López Obrador, intentó boicotear la votación del dictamen en el Senado; la decisión fue tomada un día antes, cuando en asamblea, la base decidió movilizarse para impedir la aprobación de dicho dictamen.
A pesar de que la reforma aprobada incluía las principales demandas del ex candidato presidencial, éste se mostró inconforme porque en un rincón de la ley, no explicitaba una de sus peticiones. Así, en doce palabras, jugó su última carta a todo o nada. Y perdió. Lo irónico, es que quien se ha proclamado el ganador con la reforma es su principal perdedor; Felipe Calderón ha salido a presumir la reforma cuando en realidad de su iniciativa nada quedó.
Los movimientos de izquierda en México, se opusieron al régimen autoritario y han señalado congruentemente sus defectos al grado de —en su momento— estar proscritos de cualquier juego político e incluso de la ley misma. Hoy en día, su rama partidista, ha fallado al momento de adaptarse al nuevo modelo democrático “parlamentario”: su “doctrina” le ha hecho no escuchar otras propuestas, su “congruencia” le ha mantenido al margen de grandes reformas y su “democracia interna” le ha dividido constantemente. La ideología es una cuerda que ata a los partidos a un punto para que los ciudadanos puedan diferenciarlos; en el caso del PRD, esta cuerda es tan corta que lo asfixia.
El anacronismo del PRD ha sido evidenciado. El triunfo político se convirtió en derrota cuando en lugar de celebrarlo, lo volvieron parte de la disputa interna por el poder. En democracia, el objetivo no es convencer a los demás del punto de vista personal, si no enriquecer las creencias propias con lo que los demás proponen para —entre todos— llegar a la mejor solución, partiendo de que nadie tiene la verdad absoluta. De nada sirve lo que se propone si nunca se lleva a cabo; será la ciudadanía quien refrendará esta lección en las siguientes elecciones.