“Si le hubiera preguntado a la gente que quería, me habrían dicho que un caballo más rápido”. Henry Ford.
Según una encuesta del Grupo Diarios de América, para 2009, el PIB de México crecerá en -7.2%, el de Chile lo hará en -1.2%, el de Venezuela en -1% y Brasil será el único país de la región en crecer, aunque sólo en 0.33%. La ortodoxia neoliberal nos ha convertido en el país de la región que más perdió con la crisis y más tardará más en recuperarse. La semana pasada, leía en una columna: “¿De qué sirve sacar 10 en conducta si se reprueba en aprovechamiento?”
Por primera vez, Calderón reconoció sus errores y el fin de semana afirmo que desde 2008 han aumentado en más de 6 millones el número de mexicanos en pobreza alimentaria: “una condición tal que la familia no tiene ni siquiera los componentes necesarios para la alimentación de sus hijos”. Ahora son 20 millones. Sin embargo, no presentó algún programa que permitiera cambiar esta condición, al contrario, parece que con el discurso de la misericordia y la compasión hacia los pobres, el ejecutivo pretende reformar el sistema fiscal y económico del país. El morbo será el ariete de Felipe Calderón.
Indigna que, a pesar de lo dicho, el Presupuesto 2010 pretenda un aumento en gasto corriente de 132 mil millones de pesos. Entristece que lo mejor que puede proponer el gobierno federal es usar el ahorro de los trabajadores para subsanar sus déficits en infraestructura. Molesta que, entre todos los técnicos encargados de dar rumbo a las finanzas públicas, no haya alguien capaz de pensar fuera de la caja y proponer soluciones innovadoras. Al contrario, funcionarios, gobernantes y expertos insisten en mantener a México en una burbuja en la que no pasa nada, mientras el mundo nos rebasa a gran velocidad.
El Dr. Carstens y su equipo tardaron más de un año en reconocer el daño del “catarrito”… Al mismo tiempo que en Brasil invertían 20 mil millones de dólares en un programa contracíclico para subsidiar la vivienda; en España, aprovechando el ínfimo costo marginal de los bienes de información y los beneficios extra normales de las economías de red, están negociando compras colectivas de Software; y Chile, reforzaba el Fondo Solidario de Crédito Universitario en el que bancos privados pagan a estudiantes –con el gobierno como aval– para cubrir el costo de no trabajar e ir a la escuela.
Ahora, en Hacienda afirman que –así como lo hacen en varios países del mundo– es momento de usar el dinero de los trabajadores para crear infraestructura; aunque olvidan incluir alguna partida de ahorro gubernamental que asegure las pensiones de los trabajadores –como el fondo del cobre en Chile o el del petróleo en Noruega. El fuego consume el edificio y aún discuten como recaudar dinero para un fondo de prevención contra siniestros…
No todo está perdido. En la sociedad hay quien grita soluciones desde afuera de la caja: el fin de semana se realizó en Guadalajara, la Cumbre Iberoamericana de Energías Renovables, donde más de 50 empresas ofrecían servicios para reducir costos industriales, de una forma sostenible; la semana pasada Grameen Bank México firmó una alianza con Grupo Carso para repartir 40 millones de dólares en microcréditos comunitarios entre gente de extrema pobreza; el Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. tiene una propuesta para aumentar la capacidad de agua potable del Valle de México aprovechando agua de lluvia recolectada por particulares.
Más aún, si se necesitan aumentar los ingresos de estado para fortalecer las finanzas públicas se puede poner límites a la emisión de azufre, carbono, gases invernaderos, residuos sólidos y tóxicos para generar un mercado de bonos los cuales pueden ser acreditados mediante el ahorro en actividades ecológicas. La ecología no tendrá un precio correcto a menos que la polución refleje todas sus externalidades: el costo de oportunidad de contaminar es no ahorrar los recursos desperdiciados. De esta forma, se alcanza una ecuación fiscal ideal: se cobra lo pernicioso y se paga lo benéfico. Gran diferencia, ¿no?
Buen artículo amigo mío, gran trabajo de investigación, ahora bien. ¿Qué impide que se de un vuelco hacía energias renovables, ecologicamente sustentables? Aquellos que pierden. No hace falta decir sus nombres.
Esos que pierden mueven a la Opinión Pública por una razón muy sencilla: los bonos de carbono no atienden al sentido común… ¿Cómo con dinero puedes pagar derecho a contaminar?..
La cuestión es cómo hacer que las personas libren de juicios morales sus razonamientos, ¿es deseable?