“Los Servicios Web –para los políticos– son como el sexo entre los adolescentes. Todos hablan de hacerlo, pero aquellos que realmente lo hacen, lo hacen muy mal” Inserción libre en cita de Michelle Bustamante.
A propósito del inesperado y enorme poder de cabildo que mostro Twitter en estos tiempos de Ley de Ingresos, quisiera retomar un debate que quedó pendiente en las campañas electorales de hace unos meses: las campañas en Internet.
La “esperanza” no es suficiente para ganar una elección. Además de ella, se necesita tener una buena campaña: innovadora, creativa y acorde al electorado. Esto lo entendió perfectamente Barack Obama, quien manejó Internet como su principal plataforma y logró desde ahí conectar a gran parte de su electorado. Así lo reflejan algunos números: sus videos en youtube.com tuvieron 98,766,425 visitas; alcanzó 2,395,253 de amigos en Facebook; y actualmente hay más 1.5 millones de usuarios registrados en Mybarackobama.com. Tan solo en México hay más de 2.5 millones de blogueros.
Sin embargo, en el mundo de la libertad digital absoluta, el surgimiento de campañas negativas, calumnias y contenidos nocivos para la democracia, levanta el debate sobre si la regulación de los medios digitales pudiera ser no sólo deseable sino necesaria. Tal parece que el debate que culminó en la reforma electoral de 2007, encuentra un nuevo espacio de controversia, esta vez en la arena virtual.
En un equilibrio de mercado, la libertad para crear, recibir y distribuir mensajes debe ser absoluta. La regla es simple, si el mensaje tiene un valor y el costo de su transmisión es menor, el mensaje debe enviarse. Sin embargo, en el caso de los medios web, hay un par de detalles que deben considerarse: (1) el mensaje puede tener externalidades, por lo que existe un equilibrio preferible, diferente al de mercado; y que (2) el dueño del mensaje puede no querer transmitirlo. Es así que se abre la posibilidad a regular este mercado.
(Al ser bienes de información con un costo marginal igual a cero) La única forma viable de regular los contenidos en internet es mediante intermediarios, como lo podrían ser proxys de flujo o controladores de los servidores, es decir, los motores de búsqueda o los portales de información. Ante la imposibilidad de calificar todos los contenidos aparece uno de los principales problemas de la regulación de medios web: qué censurar. La Regla de Censura irremediablemente tiene que escoger entre ser demasiado tolerante al grado de ineficaz, o demasiado estricta tal que terminaría prohibiendo información lícita.
Por otro lado, siempre debe prevalecer el derecho de los ciudadanos para saber si algún candidato no actuó bien en el pasado, siempre y cuando todos los competidores tengan la misma oportunidad para criticar y defenderse. A diferencia del espectro radioeléctrico, internet –al menos en el corto plazo– no tiene problema de escasez, por lo que todos tienen igual opción para generar contenidos tanto propositivos como injuriosos. Y en la red de redes, esto último se extiende no sólo a candidatos, sino a ciudadanos.
Dicho lo anterior, para alcanzar el equilibrio eficiente en el que la gente obtiene información política de internet y que esta no es producto sólo de “guerra sucia”, tiene que haber candidatos generando contenidos preferibles. Es decir, los competidores en la elección tienen la responsabilidad de generar información que sea preferida por los electores, para que esto forme parte de su consumo informativo. Así, a pesar de que un ciudadano obtenga información injuriosa, esta será contrastada con lo dicho por los candidatos, logrando un voto razonado y crítico.
Por último, cabe señalar que el entorno digital conlleva una democracia de facto, en la que cada cibernauta tiene el mismo valor, sin importar clase social, género, edad, religión o doctrina. Así, las campañas en internet potencializan el poder ciudadano, al darles capacidad de generar mensajes e incluso interacción directa con los candidatos. De esta forma nos acercamos a una de las utopías democráticas, en la que los partidos buscan a cada individuo para conquistar su sufragio.
El voto es de quien lo trabaja… las campañas libres en internet, lo permiten.
Durante un encuentro iberoamericano de ciudades digitales que hubo aca en Veracruz escuche la mayoría de las veces que, el acceso a la tecnología tenía una correlación positiva con una mayor transparencia y por lo tanto con un buen gobierno, todos aseguraban que el acceso a internet por parte de una sociedad le aseguraba gobernantes democraticos y eficientes. Sin embargo en una atinada aclaración el ponente del PNUD, el doctor Alejandro Prince, declaro que no existía soporte para confirmar esa relación, que si bien el acceso a la tecnología crea herramientas para un gobierno más eficiente, éste no lo será necesariamente; concluyo afirmando que depende más de un cambio radical en los valores de los gobernantes y de la sociedad en general para lograr un estado democratico y transparente que el acceso a las computadoras.
Creo que sus afirmaciones tienen algo que ver con el tema de las campañas de internet, y me atrevó a afirmar que el ejemplo de OBama debe ser al réves, las campañas en la red y el uso de nuevas tecnologías para transmitir mensajes políticos requieren para su correcto funcionamiento de un mensaje honesto, coherente y de propuesta. Saludos.