02
nov
11

NUEVOS CRIOLLOS

(En respuesta a Olimpia Flores http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=614419)

“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”.
Octavio Paz.

Los criollos en la Nueva España, fueron aquellos hijos de españoles que gozaban de los beneficios de una sociedad económicamente estable, pero que, sin importar sus habilidades, capacidades o conocimientos, tenían negado el acceso a la política. Los nuevos criollos son los mexicanos hijos de la democracia que gozan de los beneficios de una sociedad económicamente estable, pero que, sin importar sus habilidades, capacidades o conocimientos, tienen negado el acceso a la política. En ambos casos, las contadas excepciones confirman la regla.

El camino directo para participar en la política institucional en México es la formación política en los partidos: formación teórica (o cómo utilizar la retórica a tu favor), formación práctica (o cómo ganar una elección, haiga sido como haiga sido) y formación simple… porque hay muchos formados antes que tú.

De nada sirven los méritos académicos para construir un plan de gobierno, de poco sirven los liderazgos comunitarios si no se regalan a la voracidad de las maquinarias electorales. Estorba la crítica, molesta el debate; se valora la obediencia, se aprecia el silencio. El chiste es llegar al poder, ya después se averigua para qué.

La revolución de independencia cristalizó cuando los criollos alcanzaron el respaldo popular; siempre es así: intelectuales convencen a una amplia mayoría de la sociedad hasta derrocar lo establecido. Ahora, los nuevos criollos, mediante sus herramientas más cercanas intentan prender una llama que haga inevitable su inclusión en la política; desde Twitter y Facebook, fracasan en popularizar sus demandas, pero fortalecen la identidad entre los de su clase.

El fin del sistema de partido autoritario se convirtió en un sistema de partidos autoritarios; escoger al verdugo, no es consuelo para el condenado. ¿Cómo pretenden los partidos políticos promover la participación del pueblo en la vida democrática si se reservan el derecho de admisión? ¿Cuántas revoluciones se han logrado, por más institucionales que sean, sin conciencia crítica y debate de ideas? ¿Cómo llegar a la acción nacional, si todo lo que importa es la acción electoral? ¿De qué sirve a la gente una revolución democrática minimizada a asambleísmo de disidentes?

El artículo 41 de la Constitución establece que los partidos son entidades de interés público, olvida aclarar: que obedecen intereses de privados. De los diputados del Partido Verde, 18 de 21 no son militantes de ese partido (pero sí hijos de dueños de televisoras, restauranteros, entre otras); setenta familias concentran la nominación de los legisladores plurinominales desde 1934 hasta 2000; y 250 diputados de la LXI Legislatura han sido reelectos, ninguno por los ciudadanos. Las enfermedades que se intenta prevenir, ya infestan nuestra realidad nacional.

Aun así, en la Cámara de Diputados se dosifica con cuentagotas la participación ciudadana en la política, cuando los poderes metainstitucionales acorralan aún más a los ciudadanos: la red internacional de hackers, Anonymous, exige al cártel de los Zetas la liberación de uno de sus miembros, so pena de publicar nombres de cómplices, traidores y soplones e iniciar indirectamente un baño de sangre. Los ciudadanos, en medio, sin lugar para guarecerse.

El tiempo de fortalecer a los partidos políticos como medio para alcanzar el proyecto centralizado de nación mexicana ha terminado junto con la ilusión de la existencia de ese plan mágico. La globalización y sus complicadas redes de poder entretejen una nueva realidad en la que los macroobjetivos han sido sustituidos por la igualdad de oportunidades. En la utopía ha quedado esa suave patria –que envuelve en la música más honda de la selva y moldea a sus hijos por entero– para pasar a la realidad de un país pixel (de Josu Landa), que visto de lejos puede ser armónico pero cuya realidad invariablemente es personal e individual.

Los nuevos criollos intentan una solución pactada, legal e institucional; en caso de no conseguirla, la chispa alguna vez prenderá y el edificio arderá por completo. La metamorfosis es inevitable; la clase política -como los borbones en su momento- puede escoger si se lleva a cabo con ellos ahora, o contra ellos mañana.

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