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26
Ago
09

EL REY DEL ASTEROIDE 325

“Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada”
(Fragmentos de El Principito, de Antoine Saint-Exúpery)

Si algo hay que reconocerle a Felipe Calderón es que es tremendamente perseverante. El primer día de su gobierno trazó un camino que ha respetado invariablemente durante ya tres años. Primero, a pesar de lo dicho en campaña, al presidente del empleo le ganó la mano firme y decidió “ajustar” el plan de gobierno y priorizar a la seguridad como tema en la agenda. Segundo, cortó todo espacio de negociación con la oposición que amenazaba la estabilidad de su gobierno y colaboró para el hundimiento de la izquierda partidista y su último caudillo López Obrador. Tercero, se apresuró a tener el control de su partido para poder, desde el legislativo, proponer reformas estructurales que le dieran nuevo rumbo al país. Cuarto, fue amistoso con el PRI para poder lograr coaliciones ganadoras que permitieran la aprobación de nuevas leyes que aumentaran su margen de maniobra. El sueño del reformador social había comenzado.
(“Un poder semejante dejó maravillado al principito”)

Tres años después, en cambio, la tenacidad se ha convertido en obstinación cuando ante los nuevos escenarios no se ha ajustado el rumbo. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han instado al gobierno a que retire al ejército de las calles por los abusos que cometen; México sufre en promedio 20 asesinatos diarios causados por el crimen organizado (¡el doble que hace un año!). Y, diría Martí, aunque no pueden, no renuncian.
(“A mí no me gusta condenar a muerte a nadie” —dijo el principito—. “Creo que me voy a marchar”).

Y aunque cada vez Andrés Manuel pierde más fuerza, Felipe no tiene demasiado interés en acercarse al PRD, quienes –irónicamente– son su única opción para poder manejar una agenda independiente al PRI en lo sucesivo. Las heridas de 2006 no han cerrado para muchos, empezando por Calderón. “Yo creo que en términos de caída electoral, más que la de mi partido, más bien el fenómeno significativo es la caída de otro partido, no sé si sea el suyo, el PRD” contestó Felipe, tremendamente molesto, a una reportera que cuestionaba la derrota panista en las últimas elecciones.
(“Tartamudeaba un poco y parecía vejado, pues el rey daba gran importancia a que su autoridad fuese respetada”).

Más aún, al interior del PAN, hay muchas voces molestas que responsabilizan directamente a Calderón de esta derrota. Su poca convicción democrática impuso a Germán Martínez como el presidente del partido, cuyos desaciertos disminuyeron, aún más, la votación panista. Y no ha aprendido la lección. Irónicamente, lo que el PAN hacía para evidenciar el autoritarismo del PRI, ahora lo hace contra Calderón, y dejan a César Nava como el candidato único de una elección decidida desde Los Pinos.
(—“No partas —le respondió el rey que se sentía muy orgulloso de tener un súbdito—, no te vayas y te hago ministro”.)

Quien más provecho ha sacado de esta serie de malas decisiones es el PRI. Con su propia agenda, el PRI decidirá el rumbo de la política nacional, según los movimientos de sus tres figuras con aspiraciones presidenciales: Beltrones, Paredes y Peña Nieto. Listos para gobernar desde San Lázaro, los priistas no temen dar la puntilla al gobierno del michoacano y terminar – (¡una vez más!) con tres años desperdiciados– el sexenio.
(—“Si Vuestra Majestad deseara ser obedecido puntualmente, podría dar una orden razonable. Podría ordenarme, por ejemplo, partir antes de un minuto”)

 

Felipe Calderón como el rey del asteroide 325 del cuento de Saint-Exúpery, se ha quedado solo. Y si no cambia la estrategia, como a aquel rey, no le quedará más que dar “órdenes razonables”. El 5 de julio, el regaño ciudadano retumbó los muros de Los Pinos y de todo el sistema político mexicano, hace falta saber quienes tendrán la serenidad para escucharlo y corregir el rumbo.  
(—“Te juzgarás a ti mismo. (…) Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio”).

Felipillo

30
Jun
08

Biografías

Me será dificil explicar a mis hijos como era la vida sin Internet. En particular, creo que les será difícil entender que en las papelerías estaban todas las respuestas; en particular en unas hojitas con dibujitos llamadas bioografías. Es como si Wikipedia se vendiera por impresiones. Para que me crean, guardaré estas joyas que me encontré en una papelería al ir a sacar copias.

Nunca me había puesto a pensar en todo el poder que se puede tener al momento de escribir biografías de papelería. La empresa Ediciones Bob, discrecionalmente puede poner y quitar la informaciòn que quiera sobre la vida de un personaje, ya que ni siquiera agrega fuente o firma del editor. Cabe señalar que Felipe perdió la gubernatura de su estado (quedó en un muy lejano tercer lugar), pero aumentó los votos de su partido; mientras que AMLO sólo perdió en dos ocasiones (sin mencionar el robo de Madrazo y el intento de Zedillo por redimirlo y… bla, bla, bla).

(Colofón: Mi megalomanía ahora tiene un objetivo, quiero tener mi estampita en las papelerías, escrita por Ediciones Bob).

14
May
08

Si yo fuera AMLO…

“Me gustan más los sueños del futuro que las historias del pasado”.

Thomas Jefferson.

Si yo fuera AMLO tomaría las tribunas. Ocuparía cada espacio posible para exponer mi propuesta de Reforma Energética, cuyo objetivo sería sacar de PEMEX a la política: evitar tanto contratos como los de Juan Camilo Mouriño, como amenazas a “tomas pacíficas” de los pozos petroleros. Participaría en el debate y buscaría argumentos, cifras y datos para poder convencer –ya no a los legisladores que tienen su voto comprometido, sino– a la opinión pública, manteniéndome siempre abierto a escuchar las opiniones de los demás.

Si yo fuera AMLO preferiría una izquierda unida. Denunciaría las conductas antropófagas dentro del PRD, tanto de Chucho como de Encinas, y buscaría la legalidad y la democracia, aún si esto no me favoreciera en el corto plazo. Me deslindaría de cualquier facción dentro del perredismo y me mostraría partidario de una izquierda que fuera tanto cercana a la gente como moderna y progresista.

Si yo fuera AMLO no reconocería a Felipe Calderón. Al contrario, lo denunciaría constantemente porque su guerra contra el narcotráfico cada vez parece más perdida; porque permite que el Sistema Educativo esté secuestrado por el sindicato de maestros y su antidemocrática líder vitalicia; porque tardó casi dos años en presentar su plan para combatir la pobreza, mientras que millones de mexicanos migran diariamente en búsqueda de mejores oportunidades de vida; porque no se atreve a enviar una nueva reforma de medios que acote el poder de las televisoras.

Si yo fuera AMLO no me callaría. Gritaría tan fuerte como pudiera que México sigue siendo el segundo país más peligroso para los periodistas; que a pesar de Lydia Cacho –quien recibirá el Premio a la Libertad de Expresión que entrega la UNESCO–, Mario Marin sigue siendo gobernador de Puebla; que el representante del Alto Comisionado de la ONU en México ha sido despedido tras hacer críticas al gobierno mexicano por la presencia del ejército en las calles; que el gobernador de Jalisco está gastando cifras millonarias en la iglesia y que ha explicitado que la opinión pública “le vale madres”; que Ulises Ruiz; que las Televisa y TV Azteca; que TELMEX…

Si yo fuera AMLO sería radicalmente de izquierda. Buscaría siempre generar una sociedad con más igualdad, aún cuando esto no beneficie a mis simpatizantes. Radicalmente condenaría la existencia de algunos más iguales que otros y denunciaría las dádivas a taxistas piratas, comerciantes informales e invasores de predios tanto como a los contratos ilícitos, los rescates bancarios y la colusión empresarial.

Si yo fuera AMLO no me tomaría las cosas tan personales. Procuraría delegar al máximo mis responsabilidades y buscaría canales institucionales para sentar precedente sobre la resolución de problemas y ahorrarle trabajo a los que vengan después. Buscaría afianzar en mis seguidores mis ideas –más que mis actos– para que, aún si yo desapareciera de la esfera política, el movimiento se mantuviera firme y vigente.

Si yo fuera AMLO dejaría de ser un líder por cuestionar a mis seguidores. Si yo fuera AMLO no expondría jamás la integridad de mis seguidores. Si yo fuera AMLO ya no sería carismático porque preferiría la crítica de fondo y bien argumentada a la frase coloquial contra el enemigo en turno. Si yo fuera AMLO olvidaría mi carrera como funcionario público y me concentraría en ser un líder de opinión. Si yo fuera AMLO sonreiría todo el tiempo, seguro de mis ideales y mis convicciones. Si yo fuera AMLO no descalificaría a nadie. Si yo fuera AMLO procuraría cada vez que pudiera evitar la polarización. Si yo fuera AMLO moriría pronto: ya sea crucificado en el Monte Calvario y resucitando al tercer día a la vida eterna, o fusilado en el Cerro de las Campanas y olvidado por siempre en el panteón oscuro de la historia.

12
Mar
08

Domingo de Resurección

“Ningún gobierno puede estar seguro largo tiempo sin una formidable oposición”.
Benjamín
Disraeli

Toda democracia descansa en la posibilidad de la alternancia, por lo que el desarrollo del sistema de partidos refleja la salud del sistema político. Es por esto importante seguir el desarrollo de las elecciones internas de los partidos en México, más aún cuando los partidos —gracias a la prohibición dela reelección legislativa—, desde sus órganos centrales, deciden el destino de la mayoría de sus miembros. El próximo 16 de marzo, se celebrará la elección que determinará nueva dirigencia nacional del PRD: la consolidación de la corriente de Andrés Manuel López Obrador (Izquierda Democrática Nacional) en la figura de Alejandro Encinas, contra la reestructuración impulsada por la corriente de Jesús Ortega y Jesús Zambrano (Nueva Izquierda).

Como primer elemento de análisis, es destacable que la crisis es reconocida por todos los candidatos ya que en los lemas de campaña, todos prometen el cambio, como lo reflejan los lemas de campaña de los contendientes (“Yo sí ayudo a rescatar al PRD” Encinas y “El cambio comienza con nosotros: un PRD renovado” Ortega); nadie quiere cargar con el peso de la derrota en 2006, a pesar de que el actual Comité Ejecutivo Nacional lo comparten IDN (presidencia) y NI (secretaría general). El voto de los perredistas será principalmente prospectivo (lo que los electores esperan en un futuro de los candidatos), en lugar de retrospectivo (lo que los electores quieren que los candidatos sigan haciendo), otro claro signo de la urgencia de la inflexión.

Encuestas más encuestas menos, el favorito para ganar esta elección es Jesús Ortega, ya que gran parte de esta elección se decidió en agosto, cuando en el Congreso Nacional, se determinó que la votación iba a ser exclusivamente para perredistas afiliados. Con esto se limitó el poder de influencia que las estructuras de simpatizantes puedan tener, en las cuales Alejandro Encinas e IDN tiene ventaja gracias al movimiento de AMLO. Lo curioso es que usualmente los militantes son más radicales —ideológicamente— que los simpatizantes, ya que si bien se sienten representados por el partido, tienen incentivos para invertir tiempo en la organización de tal manera que sus preferencias sean tomadas en cuenta de manera más significativa. A este fenómeno se le conoce como la Ley de la Disparidad Ideológica Curvilínea de May.

El caso del PRD es atípico y la única explicación lógica al respecto, es que los simpatizantes radicales no se sienten representados por el PRD en sí, sino por una de sus corrientes que sí asume una postura radical; es por eso que responden más al llamado de un líder del partido que al partido mismo. Es aquí donde radica el dilema del PRD: hacerse hacia el centro para triunfar en las elecciones federales, so riesgo de ruptura definitiva. No soy el primero en especular que podría surgir un Partido Obradorista Mexicano, con o sin Andrés Manuel en él. Cabe destacar que el ex candidato presidencial es el primero en querer integrar a sus bases al PRD, al grado de regañar a sus huestes cuando muestran su rechazo al resto de los dirigentes. AMLO es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que si no está en uno de los grandes partidos, su participación nunca llegará más allá de un líder de opinión; el PRD sabe que sin un liderazgo como el del tabasqueño, este partido perdería a gran parte de sus electores cautivos. La solución natural es la fragmentación de la izquierda mexicana en varios partidos, a pesar de que ésta es la opción menos preferida por toda la cúpula perredista. Dicen que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar, habrá que ver si en esta ocasión el PRD lo logra.

Varias conclusiones: (1) El siguiente domingo, el PRD se subirá a un tren que determinará su destino en 2009, ya sea el programado con el histórico 20% de la votación, o uno en el que entre de lleno a la discusión política, con total incertidumbre electoral: desde la muerte prematura hasta la resurrección como la principal fuerza de oposición. (2) Aún hay un importante número de mexicanos que no se encuentran identificados con algún partido dentro de nuestro sistema político (EZLN, EPR, APPO, Atenco, etc.); éste es el principal reto de la neonata democracia mexicana. (3) Conviene al sistema de partidos mexicano que el PRD logre canalizar a estos ciudadanos, en pro de la formación de una oposición responsable que represente una posibilidad de alternancia viable, una democracia plural que realmente incluya a TODOS los mexicanos.

26
Nov
07

Fraude 2006 ¿Documental de un atropello o Ciencia Ficción?

No es que quiera exhumar muertos o que sea necio, pero a propósito de una de las películas más taquilleras de este otoño, cabe este comentario. Luis Manbdoki en una película muy bien realizada, desentraña desde una versión obviamente parcial lo ocurrido el 6 de julio de 2006 y deja en claro, desde el título,  su versión: hubo fraude.

A destacar el poder que logra una buena sucesión de imágenes: al estilo de Michael Moore, lleva al espectador a la empatía con López Obrador y al encabronamiento total con instantes tan representativos como el del Cardenal Norberto Rivera bendiciendo, en una reunión de empresarios, al “invitado especial” Carlos Salinas de Gortarí; o al de López Obrador entrevistado (con ojo Remi y todo), afirmando que aún cuando sabía que la resistencia civil pacífica podía no tener un resultado significativo, la prefirío a incitar a la más mínima violencia.

Y es posiblemente este último punto el que quiero destacar: tanto en el documental de Mandoki como en el libro del mismo AMLO (La Mafia nos Robó la Presidencia) , López Obrador muestra su perspectiva el 10 de julio: con un resultado en contra y la gente desconfiada a la espera de las órdenes de su líder. Si aceptaba el resultado, abandonaba al movimiento y este podía tornarse violento y terminar mucho peor, si no lo aceptaba, ¿cuál sería la forma correcta de mostrar firmeza sin violencia?
Invito a todo aquel interesado en política a que ofrezca una mejor alternativa al ahora conocido cierre de Reforma. Creo que estando en sus zapatos, hubiera optado por lo mismo.

Por último, regresando a la película, la recomiendo ampliamente, no por la veracidad de sus hechos o sus innovadoras conclusiones, sino porque en estos tiempos de la preponderancia de la imagen, para tener un juicio correcto, es necesario conocer la versión de todos y en un formato comparable. Esta película ofrece la realidad que observan el 40% de los mexicanos que siguen pensando que hubo fraude y el 30% que siguen teniendo una buena imagen de AMLO. 




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