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23
Sep
09

¿Cuánto vale la honestidad?

“Al que no le cuesta, lo vuelve fiesta”
Refrán Popular.

Como cada tres años, la Cámara de Diputados ha recibido una nueva reforma fiscal. En este nuevo intento por dar viabilidad a las finanzas públicas, el ejecutivo ha enviado como carnada un bello título: Contribución para el Combate a la Pobreza. Tal parece que el Dr. Carstens ha olvidado el Principio de la Fungibilidad de los Fondos, el cual dice que la política de gasto es independiente al método de recaudación. Una mejor forma de entender esto es imaginándolo en términos personales: Si estando en el supermercado tienes otros $100 para gastar, ¿llevarías lo más prioritario o lo menos? Al tener un ingreso extra y destinarlo a la pobreza, el gobierno federal expresa –implícitamente- que todos los otros rubros que ya tienen asignados presupuesto son más importantes.

Esto puede parecer contrario con el último estudio de opinión “La Sociedad ante los Impuestos” hecho por Gabinete Comunicación Estratégica (http://www.gabinetece.com.mx): (destaca saber que el 61.2% de los mexicanos saben que el secretario de Hacienda presentó una reforma a los impuestos que actualmente pagamos) No sorprende que el 93% de los encuestados esté en desacuerdo “con el aumento en los impuestos a lo que la gente compra, incluyendo alimentos y medicinas”. En cambio, me llama mucho la atención que el 81% de la gente estaría de acuerdo “en pagar más impuestos si hubiera acciones reales contra la corrupción”, y que 85% aceptaría “más impuestos si los recursos adicionales estuvieran destinados a la pobreza”. Gran idea del gobierno federal.

Lo que está pasando es reflejo de la opacidad con la que se entienden las finanzas públicas en México. No es que los mexicanos no estemos dispuestos a pagar más impuestos, sino que estamos hartos de no ver reflejados sus resultados. En palabras de Denise Maerker: “ni un peso más” si no dejan de despilfarrar dinero en viajes, lujos y festejos (las fiestas del bicentenario costarán alrededor de 2 mil millones de pesos –una quinta parte del presupuesto anual del CONACYT).

Y lejos de esta lectura, la viabilidad de la reforma depende de los capos priistas, quienes vislumbran que el costo de una reforma tan impopular como el alza de impuestos se ha la puntilla que saque al PAN de Los Pinos, mientras que sus beneficios sean disfrutados por ellos en 2012. Más aún, se habla de una propuesta para que el gasto de Oportunidades se descentralice y sean los estados los que puedan ejercer este dinero. Los 22 gobernadores del Revolucionario Institucional felices.

Bien se dice que esta reforma sigue sin contemplar a todo el universo de evasores fiscales y exprime más a los que sí pagamos impuestos. En este respecto, hay que recordar que muchos estudios han demostrado que la informalidad tiene una más alta correlación al número de trámites para abrir legalmente una empresa que a las tasas impositivas. Más de lo mismo: no se quiere seguir pagando impuestos, si no es tangible su aprovechamiento.

Otro detalle: esta reforma hace que los más pobres aumenten su monto de pago. Siguiendo los resultados del simulador creado por el Centro e Estudios de Finanzas Públicas, dependiente de la Cámara de Diputados, los primeros tres deciles de la población (el 30% más pobre) aumentarían su porcentaje de recaudación, mientras que los tres últimos (el 30% más rico) disminuiría. En un escenario de crisis financiera, que ha dejado a la deriva a millones de mexicanos, parece contradictorio el carácter de esta reforma, con todo y que busque combatir a la pobreza.

Los desafíos están en la mesa: los problemas del agua, en su escasez y su abundancia; la crisis de seguridad social que puede estallar con un rebrote de la influenza; el sistema de pensiones y su inviabilidad, etc. La solución está clara: más honestidad, menos lujos, un gasto más eficiente y, ahora sí, hablemos de cuánto dinero necesita el gobierno.

carstens

26
Ago
09

EL REY DEL ASTEROIDE 325

“Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada”
(Fragmentos de El Principito, de Antoine Saint-Exúpery)

Si algo hay que reconocerle a Felipe Calderón es que es tremendamente perseverante. El primer día de su gobierno trazó un camino que ha respetado invariablemente durante ya tres años. Primero, a pesar de lo dicho en campaña, al presidente del empleo le ganó la mano firme y decidió “ajustar” el plan de gobierno y priorizar a la seguridad como tema en la agenda. Segundo, cortó todo espacio de negociación con la oposición que amenazaba la estabilidad de su gobierno y colaboró para el hundimiento de la izquierda partidista y su último caudillo López Obrador. Tercero, se apresuró a tener el control de su partido para poder, desde el legislativo, proponer reformas estructurales que le dieran nuevo rumbo al país. Cuarto, fue amistoso con el PRI para poder lograr coaliciones ganadoras que permitieran la aprobación de nuevas leyes que aumentaran su margen de maniobra. El sueño del reformador social había comenzado.
(“Un poder semejante dejó maravillado al principito”)

Tres años después, en cambio, la tenacidad se ha convertido en obstinación cuando ante los nuevos escenarios no se ha ajustado el rumbo. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han instado al gobierno a que retire al ejército de las calles por los abusos que cometen; México sufre en promedio 20 asesinatos diarios causados por el crimen organizado (¡el doble que hace un año!). Y, diría Martí, aunque no pueden, no renuncian.
(“A mí no me gusta condenar a muerte a nadie” —dijo el principito—. “Creo que me voy a marchar”).

Y aunque cada vez Andrés Manuel pierde más fuerza, Felipe no tiene demasiado interés en acercarse al PRD, quienes –irónicamente– son su única opción para poder manejar una agenda independiente al PRI en lo sucesivo. Las heridas de 2006 no han cerrado para muchos, empezando por Calderón. “Yo creo que en términos de caída electoral, más que la de mi partido, más bien el fenómeno significativo es la caída de otro partido, no sé si sea el suyo, el PRD” contestó Felipe, tremendamente molesto, a una reportera que cuestionaba la derrota panista en las últimas elecciones.
(“Tartamudeaba un poco y parecía vejado, pues el rey daba gran importancia a que su autoridad fuese respetada”).

Más aún, al interior del PAN, hay muchas voces molestas que responsabilizan directamente a Calderón de esta derrota. Su poca convicción democrática impuso a Germán Martínez como el presidente del partido, cuyos desaciertos disminuyeron, aún más, la votación panista. Y no ha aprendido la lección. Irónicamente, lo que el PAN hacía para evidenciar el autoritarismo del PRI, ahora lo hace contra Calderón, y dejan a César Nava como el candidato único de una elección decidida desde Los Pinos.
(—“No partas —le respondió el rey que se sentía muy orgulloso de tener un súbdito—, no te vayas y te hago ministro”.)

Quien más provecho ha sacado de esta serie de malas decisiones es el PRI. Con su propia agenda, el PRI decidirá el rumbo de la política nacional, según los movimientos de sus tres figuras con aspiraciones presidenciales: Beltrones, Paredes y Peña Nieto. Listos para gobernar desde San Lázaro, los priistas no temen dar la puntilla al gobierno del michoacano y terminar – (¡una vez más!) con tres años desperdiciados– el sexenio.
(—“Si Vuestra Majestad deseara ser obedecido puntualmente, podría dar una orden razonable. Podría ordenarme, por ejemplo, partir antes de un minuto”)

 

Felipe Calderón como el rey del asteroide 325 del cuento de Saint-Exúpery, se ha quedado solo. Y si no cambia la estrategia, como a aquel rey, no le quedará más que dar “órdenes razonables”. El 5 de julio, el regaño ciudadano retumbó los muros de Los Pinos y de todo el sistema político mexicano, hace falta saber quienes tendrán la serenidad para escucharlo y corregir el rumbo.  
(—“Te juzgarás a ti mismo. (…) Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio”).

Felipillo




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